SÚPLICA DIARIA

 SÚPLICA DIARIA A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Con Licencia Eclesiástica

Año de 1951


ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Madre del Perpetuo Socorro! Tú conoces todos los dolores de mi vida y, sobre todo, la pena que hoy me trae a tus plantas maternales. Adoro la divina voluntad y beso resignado la mano de mi Dios, que me prueba; y hoy, como ayer y como siempre confío en su infinito poder y en su misericordia infinita. Pero El puso en tu Corazón las riquezas de su bondad y en tus manos los tesoros de su omnipotencia. Por eso acudo a ti, Madre mía del Perpetuo Socorro. Señora y Madre mía, las sombras del dolor me envuelven por todas partes, y no sé a qué puerta llamar para hallar algún consuelo en esta amargura que me ahoga. Los hombres, unos me son adversos, otros me persiguen, otros me olvidan, los más me miran con indiferencia Los pocos que parecen compadecerse de mí se declaran impotentes para remediar mi mal. Sólo me quedas tú, Madre mía del Perpetuo Socorro. Por eso a ti acudo lleno de confianza y amor... ¡Eres la Madre de Dios! ¡Eres mi madre! Jesús aprieta tus manos para depositar en ellas su misericordia y su amor. El primer milagro que obró en su vida mortal lo obró movido por tus súplicas. ¿No puedes hacer ahora otra súplica como aquélla en favor mío? ¿Quedará tu maternal corazón insensible a mis ardientes y humildes súplicas? Porque eres buena, porque eres fiel, porque eres, según el plan divino, dueña de todos los tesoros de Dios, por eso confio en ti. Sin embargo, que ahora y siempre se haga la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo. Tú Madre mía, hallarás en tu maternal Corazón recursos poderosos para que descienda el bálsamo del consuelo, allí donde siga el dolor purificando mi vida.


INVOCACIONES

¡Oh Madre mía, Perpetuo Socorro de todos los que sufren y de todos los que lloran! Permíteme que, recostada mi frente abatida sobre tu Corazón de Madre, te diga mis penas y te exponga mis deseos, porque sólo Tú eres mi esperanza en esta hora tristísima en que me acosan todos los males.

-Por tu inefable alegría cuando por un portento de Dios le viste al mismo tiempo Virgen y Madre. R/: Oh Madre del Perpetuo Socorro ¡Óyenos!

-Por tu gozo dulcísimo cuando por vez primera se miró Jesús en tus ojos y te dio el nombre dulcísimo de Madre.

-Por la maternal complacencia de tu Corazón cuando viste cómo tu hijo accedía a tus súplicas y obraba el primer milagro en las bodas de Caná.

-Por la santa satisfacción de tu espíritu cuando contemplabas los milagros de Jesús en favor de tus hermanos y tus hijos los hombres.

-Por tu gozo divino cuando viste cómo Jesús obraba el milagro de los milagros, la divina Eucaristía para vida, sustento y alegría de todos tus hijos redimidos.

-Por tu mirada de misericordia.

-Por tu nombre de Madre del Perpetuo Socorro, símbolo de poder y de bondad.

-Por los continuos y estupendos milagros que haces en favor de los que invocan este tu nombre dulcisimo.

-Para que el poder de Jesús sea reconocido y celebrado.

-Para que tu amor y misericordia sean de todos glorificados.

-Para que mi corazón, agradecido, te ame y te invoque siempre.

-Para que tu nombre sea en todo el mundo conocido, amado y alabado.


ORACIÓN FINAL

¡Oh María! Ya que para inspirarme confianza has querido llamarte Madre del Perpetuo Socorro, yo, N. N., aunque indigno de ser inscrito en el afortunado número de tus siervos, deseando, no obstante, participar de benéficos efectos de tu misericordia, postrado ante tu trono, te consagro mi entendimiento, para que piense siempre en el amor que mereces; te consagro mi lengua, para que ensalce tus grandes prerrogativas y propague tu devoción, te consagro mi corazón, para que, después de Dios, te ame sobre todas las Cuéntame, ¡oh gran Reina!, en el venturoso número de tus siervos; acógeme bajo tu protección, socórreme en todas mis necesidades espirituales y temporales, especialmente en el peligroso trance de mi agonía ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Sé que me amas más de lo que yo puedo amarme a mi mismo; por eso te constituyo Señora y árbitra de mis intereses y de todas mis cosas; dispón, pues, libremente de mí y de cuanto me pertenece conforme te agradare. Bendíceme ¡oh Madre mía! y con tu poderosa intercesión fortalece mi flaqueza, a fin de que, sirviéndote fielmente en esta vida, pueda alabarte, amarte y darte gracias en la otra eternamente. ¡Oh Madre, Madre del Perpetuo Socorro, ruega por mí!

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